Los pacientes con cirrosis deben tener una dieta especial. Aprenderán nuevos horarios de alimentación, tipos de alimentos permitidos y alimentos a evitar. Si ha sufrido una sustancial pérdida de peso requiere tratamientos hormonales (si procede), proteinas, carbohidratos, grasas y aportes vitamínicos diarios, semanales y mensuales, según la etapa en la que se encuentre. Si sufre de diabetes, su tratamiento también deberá ser modificado. El tratamiento se estipula por el hepatólogo y se desarrolla por un nutricionista con experiencia en pacientes con cirrosis.
Se caracteriza por cambios en el estado de consciencia. En la primera etapa, el paciente se muestra confundido por muy pequeños lapsos, un tanto atrasado en sus acciones y conversaciones, posteriormente se le dificulta dormir por las noches y se mantiene con mucho sueño durante el día. En la etapa 2 muestra temblor en los dedos de las manos, en la etapa tres con periodos más largos de confusión y en la última etapa ya no abre los ojos, habla incoherencias, no come y puede quedar totalmente inconsciente.
Es el acúmulo de agua en el abdomen, a consecuencia del paso dificultoso de la sangre a través del hígado con demasiada fibrosis. Esto hace que el paciente tenga muy poco apetito y se desnutra rápidamente, ya que contiene altas cargas de proteinas que deberían estar en la circulación. Este líquido puede infectarse espontáneamente por las bacterias del intestino, ocasionando peritonitis, causando dolor abdominal, fríos, fiebres, sudoraciones o encefalopatías. Puede manejarse con medicamentos para eliminar líquidos, pero si no resuelve, se trata con TIPS
Antes de presenciar el sangrado severo, el paciente se percata de heces malolientes, pegajosas, negras o de un ocre muy oscuro. Por lo regular, precedidas de molestias intestinales y flatulencias muy frecuentes, náuseas y poco apetito. La persona puede verse pálida, siente mareos, se le nota sudorosa o desea irse a dormir. Esta es una de las urgancias más importantes a identificar y debe solicitar una evaluación de urgencia con el hepatólogo, de preferencia hospitalaria.
En algunos pacientes, la cirrosis causa daño a los riñones, disminuyendo la producción de orina y volviéndola muy concentrada. El paciente puede ver que ya no orina como lo solía hacer con sus diuréticos y que está acumulando líquidos, principalmente en la piernas. Pueden haber calambres, aliento urinoso, encefalopatías, náuseas, vómitos y diarrea. En este caso la descompensación es de hígado y riñones y constituye también una máxima urgencia del paciente con cirrosis hepática.
Los pacientes con cirrosis sufren de inmunosupresión (defensas bajas), por lo que se encuantran más susceptibles que el resto de la población a infecciones bacterianas. Neumonías, peritonitis, infección de vias urinarias o bacterias en la sangre y hongos en cavidad oral son complicaciones de las cuales el hepatólogo siempre está pendiente. No todas las infecciones requieren hospitalización y, a diferencia de las personas sin inmunosupresión, los pacientes con cirrosis pueden tener un esquema preventivo de antibiótico de manera permanente, según sean sus necesidades y características propias.